Críticas (I)
(Aviso: Noticia antigua)
Sólo Crowe emerge del naufragio con su dignidad intacta. El héroe de acción de los hombres con cerebro, Crowe encarna a un hombre desgarrado por las vicisitudes de la vida y frustrado hasta un paso de la explosión por su incapacidad para mantener a su mujer y sus hijos. Que todo eso lo haga sin la ayuda de un guión terminalmente baboso, ni de un Howard totalmente plano, sólo habla más de Crowe como una fuerza merecedora de ser reconocida. Ahora, si pudiera reunir el coraje para separarse de Howard lo suficiente como para explorar un proyecto que podía llevarle algo más allá de los flojos labios de Zellweger diciéndole que es el campeón de su corazón… Crowe merece algo mejor que esto. Y nosotros también.
No cada protagonista de una película merece ser llamado una estrella de cine. Los pocos que se ganan esa etiqueta inspiran profundos sentimientos de identificación. Tú no los ves sólo actuar, los apoyas, y experimentas sus fallos y triunfos tan vivamente como si fueran los tuyos. Russell Crowe es esa clase de estrella de cine, un protagonista que se atreve a representar los miedos y aspiraciones de su audiencia. Las audiencias sienten por Crowe de la forma en que sentían por Al Pacino en los 70. Como Pacino, la imagen de Crowe produce más impresión con hombres y jóvenes de clases trabajadoras y raíces humildes, pero navega a través de las clases sociales, razas y géneros. Otros actores principales te entretienen, Crowe te conmueve.
El poder de “Cinderella Man” reside casi enteramente en la interpretación de Crowe; él ennoblece la película y la hace parecer mejor y más honesta de lo que es.
El Braddock de Crowe es su mejor interpretación hasta la fecha, un hombre que lucha para recuperar su destrozada auto-confianza tanto como para ganar el título. Tiene el aspecto físicamente imponente y la constitución de un verdadero boxeador, se mueve por el ring convincentemente y no existe un actor en nuestros días que se entregue a un papel con más intensidad.
¿Cómo de excepcional como actor de cine es Russell Crowe? Tan excepcional que en “Cinderella Man” hace que una buena película de boxeo parezca a veces una gran película. Interpretando a James Braddock Crowe hace algo (yo no puedo figurarme qué) que transforma incluso la forma de su cabeza. El ya había hecho esto antes, cambiando los contornos físico y emocionales para interpretar a un hombre maduro, a un matemático, a un capitán de barco, a Máximo, todos ellos hombres de verdad luchando por la integridad personal en un mundo de hombres. Pero cada vez la intensidad de la transformación se siente como completa, y sorprendente: no hay otro actor trabajando en el cine hoy con esa clase de fuerza y autenticidad que tiene Crowe.
Russell Crowe es lo mismo de siempre, lo que significa que da otra destacada interpretación, penetrando dolorosamente la psicología de un boxeador contra las cuerdas. Un pisoteado pero incontenible boxeador de New Jersey, Braddock nunca puede ser dejado de lado. Y lo mismo puede decirse, con respecto a los Oscars, de Crowe. Unos pocos segundos con la creación de Crowe como Braddock, su entusiasmo, pucheros infantiles y trato fácil, y tú eres un fan instantáneo.
El espléndido retrato que Russell Crowe hace de Braddock debería acabar con cualquier duda que pudiese quedar sobre su talento para la actuación. Transformándose a sí mismo en un hombre tratando de mantener a su familia junta durante la Depresión, Crowe me recuerda al verdadero Braddock que he visto en algunas filmaciones, incluso a pesar de que no se parece en nada al verdadero hombre ¿cómo puede ser?. Es probablemente a causa de la actitud que Crowe proyecta y la gentil pero determinada mirada de sus ojos. Añadiendo realismo a su interpretación, Crowe adopta un convincente acento de New Jersey.
Mucha de la magnífica actuación de la película está hecha por Russell Crowe, uno de los más talentosos intérpretes trabajando hoy en el cine. Lo que hace que la película se eleve son los tres toques de inteligencia, creatividad y sinceridad que Crowe brinda a cada escena en la que está.
Crowe graciosamente previene a “Cinderella Man” de sufrir un KO. Imbuyendo a su Braddock con una conmovedora resolución nacida no del heroísmo sino de la necesidad, y subrayando la algo ingenua perfección del personaje con una vagamente ahogada frustración, él es el auténtico cuerpo emocional de la de otro modo pastelera fábula de Howard.
A pesar de que Zellweger y Paul Giamatti ofrecen un fuerte apoyo, el show pertenece a Russell Crowe, y él, como es usual, no decepciona. Crowe tiene el don de transformarse en sus personajes, en vez de sólo interpretarlos, y su totalmente convincente, dedicada interpretación de James Braddock no es una excepción. En actuación, Crowe nunca será visto yendo por las emociones obvias, sino que bendecirá sus papeles con la emoción necesaria para hacerles justicia.
Como Braddock, Crowe esquiva la obsesiva, estreñida rudeza de Gladiador y el nervioso genio con mirada de cordero degollado de “Una Mente Maravillosa” para traer a la vida el más atractivo personaje que he visto en décadas: su Jim es listo, con buenos modales, diligente, y sobre todo, decente. Su humildad, trabajo duro y bondad son casi sobrehumanos, y seguro, no dudan en buscar el mejor impacto en pantalla. Pero Crowe realmente te hace querer creer que este hombre era tan virtuoso e incansable en su lucha por su familia y su honor.
Pero, como en “Una Mente Maravillosa”, ahí está Russell Crowe, y en que hipnotizante tipo se ha convertido. En cada interpretación su físico, postura y ritmo cambian. Su Braddock es tierno, con una desnivelada sonrisa, ojos suplicantes y una cabeza ligeramente ladeada, de esquivar golpes, quizá. Hay algo del arquetípico irlandés en él, pero eso está bien: la forma en que estiliza la interpretación lo ilumina todo.
Como en “Una Mente Maravillosa”, Ron Howard tiene el poder de la actuación de Russell Crowe para oscurecer (o al menos mitigar) las flaquezas del film.
Es Crowe quien, de nuevo, da una trascendente interpretación. A pesar de la historia de la lesión, Crowe impresiona menos con su fisicalidad (la cual hemos aprendido a dar por sentada) y más con sus múltiples facetas de desesperación en su lucha por sacar adelante a una familia.
Russell Crowe ha vuelto, nenas. Y me refiero a que ha vuelto a retomar su carrera… además de referirme a la belleza de los múltiples planos sin camisa de un cuerpo afinado como un Stradivarius, humeando vapor de la carne varonil, que hay en el film. Como James Braddock, Russ nos recuerda que sus destrezas gladiadoras están tan en forma como siempre y sí, nosotras las echábamos de menos.
Ha resultado que Chris Rock estaba en lo cierto durante su controvertida diatriba en la apertura de la ceremonia de los Oscars: Si quieres hacer un gran film épico, consigue a Russell Crowe. Y si no lo consigues, espera.
Afortunadamente “Cinderella Man” se precia de tener a dicha superestrella quien, bajo la dirección de Ron Howard, da una interpretación digna de un Oscar en una película emocionalmente poderosa.
Russell Crowe trae a Braddock a la vida con una sentida interpretación que arrastra a la audiencia por las montañas y valles emocionales con los que él lidia en su carrera. Aunque el acento sea un poco forzado y podría chirriar al principio, ayuda al espectador a separar al actor del personaje. Este es James Braddock en la pantalla, no Russell Crowe, y debería proporcionarle otra nominación al Oscar al mejor actor.
Chris Rock lo dijo mejor: “Si vas a hacer una película sobre el pasado, ¡mejor espera a conseguir a Russell!”. Es absolutamente cierto. El ganador del Oscar Crowe tiene un extraordinario don para tomar cualquier periodo y hacerlo parecer contemporáneo, ya sea cruzando espadas en el circo romano o solucionando ecuaciones en la ventana de una biblioteca como un brillante pero problemático matemático de 1950. Así que parece natural que Crowe pueda una vez más dar una interpretación estelar como un boxeador de la Depresión que sale de las profundidades de la desesperación para convertirse en un campeón del mundo.

