Artículo en "The Bulletin"
Luchas, Cámara, Acción
Por Jennifer Byrne
¿Mala conducta o sólo mal comprendido? El mejor actor de Hollywood desnuda su alma sobre su trabajo, sus pasiones, los problemas que le persiguen. Y esa noche en Nueva York.
“Esta es la cuestión”. Es la señal de que Russell Crowe se va a lanzar. El dispara el misil pronto y fuerte: “ESTA es la cuestión, ESTE es el tema” y si es sobre su trabajo, su verdadera naturaleza, o como ha conseguido asegurarse un sueldo 725% más alto en Hollywood, él sigue ese brillante pensamiento adonde le lleva. Un buen viaje garantizado excepto desde las primeras horas del 6 de Junio, cuando un teléfono fue arrojado al recepcionista de un hotel de Nueva York. Desde entonces sólo hay una “cuestión” que todos quieren saber, y es ¿qué es lo que molesta a Crowe? Y lo siguiente ¿qué va a hacer sobre ello?
Así que aquí está el nuevo flash, directo del hombre: Crowe no atenderá a clases de control del temperamento. No desnudará su alma en el sillón de un psicoanalista (“Soy básicamente un paciente de mierda para un loquero”). Y si ganar la aprobación pública significa ponerlo todo en una caja y convertirse a sí mismo en una persona diferente entonces es obstinado: eso no va a ocurrir. El preferiría no hacer el trabajo.
“Si me dices que me vaya al cuerno demasiadas veces al final probablemente lo haré”, dice “No me importa reducir mi vida profesional. No me importa quitarme esas dianas que me han colgado de la cabeza. Pero sabes, no me voy a convertir en una cosa falsa para satisfacer a nadie por ninguna razón. Yo voy de frente, hago las cosas de corazón, y si eso no es suficientemente bueno, entonces simplemente no lo hago. Quizá es mejor que no viaje a América. Quizá es mejor que no trabaje en un área del negocio que atrae a tantas moscas”
Esto podría no ser enteramente por elección de Crowe. La peor posibilidad, si la Corte de Manhattan no acepta su petición de reducir los cargos de posesión de un instrumento peligroso o mortal (osea, un teléfono) a algo menos severo, es que sería encarcelado y vetado de trabajar en los Estados Unidos. El caso ha sido retrasado hasta Noviembre. La mejor posibilidad -más probable ahora que el trabajador del hotel Nestor Estrada ha aceptado un acuerdo para su demanda civil contra Crowe- es una pena más ligera, pero el complejo acto de conseguir un visado americano se hará mucho más tedioso y complicado. “Cada vez que solicito un visado, es como si necesitara llevarme una maleta a la embajada” dice Crowe. “Así que añade este cargo, incluso como un delito menor: básicamente me impide conseguir ciertos tipos de visados. Y desde luego, me imposibilita conseguirlos con rapidez”
Y luego ahí está la menos cuantificable cuestión de cómo el incidente impacta en la reputación pública de Crowe. Indiscutiblemente, su nuevo film “Cinderella Man” tuvo un decepcionante estreno en los EEUU. Era un verano recargado de estrenos y Crowe insiste en que ni él ni nadie involucrado en la película culpa al incidente en el Hotel Mercer, a pesar de que otros lo han hecho. “Sólo memos que se autonombran expertos en cine porque van a comer con Joan Rivers. ¿Y desde cuando eso te cualifica para nada? A menos que seas un cirujano plástico”
Lo que realmente ocurrió, dice, es que la taquilla creció el día después de su arresto -un 17% de incremento inesperado. “Nosotros conseguimos la portada en vez de Tommy Cruise, esto es sólo mi versión de baile de sofá” dice maliciosamente. Lo cual no quiere decir que no se lo esté tomando seriamente o no esté herido, pero eso son dos lados de cada moneda. “por supuesto que no debería haberme enfadado, por supuesto que no debería haberle arrojado algo, pero es una calle de dos direcciones. Yo podría haber sobre-reaccionado a una situación, pero estaba en la cama tratando de dormir ¿Crees que quiero ponerme los pantalones y bajar al vestíbulo en plan “¿De qué coño estás hablando?” a algún tipo? ¿Realmente piensas eso? Venga ya.”
Crowe expresó su contrición a David Letterman, se tomó seis semanas para centrarse en la situación y ahora, dice, ya la ha almacenado en un rincón. Vivirá con el recuerdo de ese “paseíllo”, exhibido con esposas ante 150 miembros de la prensa, por el resto de sus días. ¿Fue horrible? “Muchas cosas en la vida son horribles. Hacer escenas de natación en el invierno en Canadá, eso es horrible, pero lo haces. Y lo superas”.
Lo que más le preocupa es como afecta a su mujer, Danielle, y “No hay motivación en mi vida más fuerte que no ver a mi mujer experimentando eso de nuevo. Ciertamente que mi hijo no tenga que verlo cuando pueda entenderlo”. ¿Pero puede prometer que no ocurrirá de nuevo?. La simple respuesta es no. “Enfréntate a mí de esa forma, y mejor prepárate para que responda. O te disculpas y haces lo que yo te he pedido que hagas. Yo voy a responder de ese modo”.
La compleja respuesta a esas circunstancias cambia, él está cambiando, y duda que la situación se vuelva a dar de nuevo. ¿Pero quien sabe? “Ceteris paribus decorum tremens” recita, y traduce “Si mantienes las cosas iguales, mantienes tu cabeza”. Entonces añade: “Si no son iguales, haz lo que coño necesites para hacerlas iguales. Es el dogma de mi vida”.
Pero ahí está la cosa: “Yo adoro mi trabajo. Disfruto increíblemente haciendo mi trabajo, y mi preferencia podría ser seguir haciéndolo”. Así, si Crowe tiene razón, y va a “pasar tiempo en la tierra del algodón”, ¿será capaz de hacerlo? “Si no hago los proyectos que implican una gran cantidad de dinero, si no hago los films de 100 millones de dólares, entonces seré menos una diana... Si soy una “amenaza internacional” como el abogado de la defensa está sugiriendo, entonces vale. Me quedaré aquí” ¿Y ser una amenaza local? “Sí, seré castigado de esa forma”. Ríe, casi una risilla sofocada, y compone una sonrisa irónica que parece decir “¿qué le voy a hacer?”. “Es todo tan ridículo”.
Es desde luego ridículo. Estamos sentados en la terraza de su enorme apartamento en Sidney Harbour, el sol reflejándose en el mar, su hijo Charlie retozando en la habitación de juegos al otro lado de la puerta. Aquí está el mejor actor del mundo -no uno, sino el- viviendo lo que parece una vida perfecta. Tiene riquezas de ensueño y una mujer y un hijo a los que adora. Un diverso rango de ocupaciones extracurriculares -sabe boxear y navegar, toca el violín y monta como un profesional- y un montón de premios que confirman lo bien que los ha utilizado. Se rodea de pinturas, libros, una colección de relojes clásicos, raros trofeos del cine como el Oscar de Marlon Brando en el 54 por “La ley del silencio”. Le ofrecen los mejores guiones por los directores más admirados y nunca ha fallado a ninguno. Es, él está de acuerdo, una hermosa vida y ha pasado más de 25 años trabajando duro para conseguirla.
Crowe está delgado y en forma, a punto para irse a rodar su siguiente película -será rodada en Provenza- y dispuesto a promocionar la última, en la cual interpreta al boxeador de la era de la Depresión Jim Braddock. Hablamos desde el almuerzo hasta el anochecer, pero “Cinderella Man” no se menciona mucho. Debería decir que nosotros nos conocemos desde hace algunos años, no somos buenos amigos pero si tenemos cierta amistad; hemos compartido fiestas, cenas, largas charlas al atardecer en su granja de la costa de Nueva Gales del Sur. Yo le he encontrado siempre afectuoso, divertido y abierto, no el Russell desbocado de los tabloides sino un caballero, en ambos sentidos. Alguien que respeta, incluso suspira por los valores tradicionales de la familia y el campo, un tipo a la vieja usanza, en muchos sentidos. Y también gentil, de todas las cualidades que a menudo se incluyen en la descripción familiar del “macho alfa”.
Yo le pedí un encuentro mucho tiempo antes del infausto incidente del teléfono, esperando hablar primariamente sobre su actuación y sus películas a causa de la inteligencia y pasión que le he oído brindar a esos temas. Y sí, un poco sobre lo que nosotros podríamos llamar el tema de la ira, dado el número y naturaleza de estallidos publicados desde 1989 hasta ahora, a pesar de que desde Junio, un poco no es suficiente. Se ha convertido en el enorme, brillante elefante que no puedes ignorar. Y aunque yo sospeché que podría ser difícil entrevistar a alguien que conozco -y sí, déjame ser clara, que genuinamente me gusta- probó ser incluso más espinoso de lo que imaginé; él tiene el hábito de la honestidad lo cual le hace en muchas formas su peor enemigo. Una ironía se convierte en un titular chillón, la auto parodia se pierde y la explicación para un estallido puede leerse como una excusa. La vivacidad se ve como fanfarronería. Si uno fuera a resumir la actual imagen pública de Crowe, obtendría estas líneas: gran actor, una pena lo del mal genio. Y lo más ridículo es que las dos cosas han alcanzado el mismo peso. ¿Cómo ocurrió algo así? ¿Sobre qué está tan enfadado?
Esto, de acuerdo con Crowe, es la primera idea incorrecta. El no es un hombre airado, sino alguien que aprendió muy pronto a ser un hombre de una particular manera. “Yo crecí en una familia competitiva; mi hermano tiene 16 meses más que yo. Sabes, en mi casa, si no hablabas alto, simplemente no se te oía”. Y desde los ocho años, en la escuela primaria, aprendió que “si no medías tres o cuatro pulgadas de altura entonces eras hombre muerto.”
El se ve a sí mismo como un hombre gentil “pero también he crecido en una sociedad donde si mostrabas gentileza eras un marica”.
Y siempre se ha centrado intensamente en su trabajo; hace lo que mejor sabe. “Era así como camarero, cuando lavaba coches, y soy así ahora. Y eso no va a cambiar”. Lo que la gente percibe como ira es lo que Crowe describe como ser específico “y cuando soy específico, dependiendo de a quien esté hablando, algunas veces tienes que levantar la voz. Alguna gente piensa que todo lo que dices es una opción, y no”. El odia ser el segundo plato. “Si me preguntan una cuestión y mi respuesta es rojo, es rojo. Esa es mi respuesta. Así que cuando al día siguiente vienen y me dicen “Nosotros pensamos que te gustaría azul”, yo diré “Una mierda, dije rojo” Eso es ser específico.”
Quizá es por lo que alguna gente le tiene miedo. “Lo cual yo encuentro realmente extraño” dice Crowe. Y le molesta, porque su propia imagen es que él da la cara por otros, que odia ver que se abusa de la gente, lo cual le termina etiquetando como un abusón a él. El también apunta a los personajes que ha interpretado: el neo-Nazi skinhead Hando en “Romper Stomper“, el policía violento en “LA Confidencial“, el gladiador romano. “Parece que es el destino de cualquiera que haya interpretado personajes como Hando y Bud White que un cierto número de gente los acepte como su propia imagen... Las mismas personas que escriben un artículo basado en lo agresivo que eres en tu vida real ignoran completamente cosas como “Nosotros dos” o “Una mente maravillosa” porque no apoyan su teoría.”
Lo que es, asegura él, la segunda y más ponzoñosa mala interpretación: que la persona de los periódicos y revistas del corazón es realmente Crowe. Y que porque esas historias sean repetidas una y otra vez entonces son ciertas. Las historias pueden ser inocentes, incluso benignas -“el otro día aparentemente según el periódico yo salvé al perro de una mujer. Mira, si tu perro necesitaba ser salvado y yo hubiese estado allí podría haberte ayudado, cariño, pero no estaba, lo siento mucho”. También pueden ser profundamente dañinos. Pueden ser ciertos en parte pero inciertos en los detalles. O ciertos en esencia, como la vez que tuvo un rifi-rafe en un pub con su buen amigo Mark “Spud” Carroll, pero “Nosotros hicimos lo que los tipos de nuestra cultura hacen y lo arreglamos en un par de horas, todo quedó solventado”.
Hay muchos incidentes, sobre los años, publicados demasiado a menudo como para molestarme en repetirlos. Algunos existen en video, u ocurrieron ante testigos. ¿Puede todo eso estar equivocado, todo basarse en una idea equivocada?
“Tu pregunta es repetitiva y tonta. ¿Soy un ser humano completo con emociones del cero al infinito? Sí, lo soy. ¿Soy fácilmente irritable por gente que se las arregla para irritarme? Sí.”
¿Y está él en control de su irritación en respuesta? “Si siento que debo sí. Y si no lo siento me disparo como un cañón. ¿y por qué no debería tener el derecho? Si está bien para ti cabrearme, ¿por qué no está bien para mí cabrearme?”.
Bueno, nosotros sabemos la respuesta a eso: porque es un actor famoso y lo que hace es publicado y examinado sin fin. Vive bajo la abrasadora luz de la celebridad, e igual que un murciélago que vuela enfrente de un proyector se convierte en una mítica criatura gigante en el cielo, o en la pantalla, así la fama magnifica los talentos y las faltas de Crowe.
La queja más común sobre Crowe es que se comporta como una estrella de cine, que la fama se le ha subido a la cabeza, cuando de hecho la realidad es todo lo contrario. El no se comporta como una estrella de cine, no juega ese juego como la decorosa caja de bombones Tom Hanks. Si algo es, es precisamente demasiado ordinario, y con cabezonería, además. Lo que no parece reconocer es que aunque hiciera lo imposible, apagando la luz y quitándose de encima la fama, todavía seguiría pareciendo como un hombre teniendo una rabieta. Una persona “ordinaria” podría ser juzgada duramente también, y también se le diría que madurara. “OK, yo me he metido en esta situación, vale. Pero si fueras tú, no hubieses salido esposada. A ti no te habrían llevado a la comisaría de policía.”
Es más, dice: “¿Dónde está el artículo que en algún momento cuestiona todas las veces en que me he visto envuelto en situaciones violentas? ¿Nadie piensa jamás que ha podido haber ocasiones donde alguien me haya atacado a mí por sus propias razones? Si tú me pones continuamente en los periódicos como alguien así de negativo, ¿cuánto tiempo pasará hasta que un tipo borracho de 19 años piense que es una idea divertida darme un golpe en la nuca mientras estoy utilizando los baños de un club nocturno?. Hay un montón de cosas que han pasado donde sólo se ha publicado un aspecto, y éste era simplemente el gladiador teniendo una rabieta. Donde había ocurrido algo completamente diferente”.
Sin embargo no puedes tener un éxito delirante y ser fabulosamente bien pagado sin tener a la gente metiendo la nariz en tu vida. Cuando le digo esto, él posa su vaso de vino con un tintineo, y dice “Ahora lo sabemos”. Si lo hubiera sabido antes, ¿podría haberlo intentado de todos modos? “Probablemente. Es mi cosa. Es lo que sé hacer mejor”.
Pero no está seguro. Lo que lo cambió todo, reconoce, -su “crimen” en el juzgado de los tabloides- fue su relación con Meg Ryan. Ella era la novia de Hollywood, casada con el actor Dennis Quaid cuando ella y Crowe se encontraron durante el rodaje de “Prueba de Vida”. “Sin la cuestión de Meg Ryan, o si la cuestión de Meg Ryan hubiera sido llevada de modo diferente, si hubiera habido un diferente nivel de -¿cuál es la palabra? transparencia- en su situación, entonces la gente podría haber entendido, pero se convirtió en este gran incidente porque ella no estaba necesariamente viviendo una existencia pública muy sincera. Las cosas que la gente veía tan sólidas en su vida no necesariamente lo eran”.
“Si quitas esa relación -la cual vino básicamente en el momento en que “Gladiator” se estrenó- si quitas eso de la ecuación de mi vida, nunca hubiera alcanzado esta clase de fiebre. Pero una vez que te han dado el sombrero negro entonces eres el blanco, eres un producto para las revistas, y no se molestan en cambiar el color de tu sombrero... Porque los buenos blancos son muy difíciles de encontrar”
Esto me recuerda una entrevista grabada antes de ese drama del teléfono -la cual apareció, irónicamente, cuatro días más tarde- en la cual Crowe decía “Ya llevo bastantes años siendo el hombre del sombrero negro, quizá pronto me den un nuevo sombrero”. “Sí, o quizá me corten la cabeza”, dice Crowe ahora. “Esa es una cosa con la que no contaba entonces: decapitación”. Se ríe, disfrutando la frase. Ahora todo el mundo quiere enviarle a terapia de control del comportamiento. “Ya lo sé. Y todos quieren que sea examinado por psicólogos. Yo vengo de una cultura diferente. Si algo me perturba, hablo sobre ello y Voilà, angustia solventada”.
Es por esta razón, por esta intensidad, por lo que cuando empezó a trabajar con el australiano Peter Weir en “Master and Commander”, advirtió primero al director: “En algún momento durante la película, me verás revolverme contra mí mismo. No trates de inmiscuirte en ese remolino porque no tiene nada que ver contigo, yo lo solucionaré”. Y claro, un día en que estaba haciendo esfuerzos con el violín -una pieza de dos minutos de Mozart que le llevó meses aprender pero no la interpretó a su entera satisfacción hasta la toma seis- Crowe se revolvió y empezó a jurar. Lo cual inquietó a Weir. “Es extraño porque simplemente te sacas eso de dentro y entonces vuelves a concentrarte en lo que estás haciendo... Y ya está, ya estoy preparado para seguir. Weir dijo, “¿No tienes más problemas con esto?” Yo dije, “No”. Y él contestó “Bien, entonces voy a sentarme y a tomar una taza de te porque creo que lo necesito”.
Su trabajo es, según Crowe, leer el guión, representar el personaje y ofrecer ideas -“Daré ideas incesantemente” -porque un director necesita todas las opciones que él o ella pueda conseguir. “Pero yo no estoy casado con ninguna de ellas... Cuando hayas elegido cual es la que quieres, me lo dices, y esa es la que yo haré ¿De acuerdo?. Pondré el mismo esfuerzo en ella, incluso si no estoy de acuerdo, que pondría en mis propias ideas”. Lo cual funciona mejor con algunos directores que con otros. Weir emergió de sus meses trabajando juntos diciendo que nunca había sentido que realmente conociese a Crowe. Ridley Scott emergió de Gladiator llevando algunas magulladuras pero con una clara conclusión: “La clave es que Russell es merecedor de ello. El es merecedor de ello”. Su actual proyecto envuelve filmar el libro de Peter Mayle “Un buen año” sobre un inglés que se muda a Francia; suena un poco más fácil que Gladiator pero “Tiene los días limitados, un presupuesto realmente pequeño y tres guiones. ¿Qué fácil piensas que puede ser?”
Su preparación como mucho envuelve un corte de pelo -“¿Ves que suave y sedoso está? Apunta- y un deseo de extraer lo peor además del humor de su personaje por bucear en las rivalidades de siglos entre Francia e Inglaterra. Hay también planes supersecretos para un gran proyecto australiano, pero no es “Eucaliptos”, la cual se hundió tan espectacularmente sólo días antes de empezar la filmación en el norte de Nueva Gales del Sur. Crowe era la estrella y el productor ejecutivo y se llevó la mayor parte de las culpas. El no dice mucho excepto “La directora dimitió”. ¿El no la ahuyentó? “En cualquier momento si ella no me quería allí, debería haberlo dicho. Desafortunadamente para ella, si yo me iba también lo hacía su dinero. Esa es parte de la situación en que estábamos... Cuando yo entré, se puso realmente serio, este proyecto se elevó a un plano diferente, principalmente a causa del dinero”.
“No puedo añadir más porque tengo sentido del honor, pero la cuestión es: si tú invitas a 500 personas a unirse a una aventura creativa, no tienes el derecho de dimitir. No en nuestro negocio, cuando es tan difícil conseguir un trabajo. Cuando la gente ha tenido que aparcar prácticamente sus vidas para trabajar para ti, tú no presentas una jodida dimisión”. ¿Así que está aparcado o muerto? “Eucaliptos” será una película, no te preocupes sobre eso. Y será realmente especial cuando esté hecha. Sólo tenemos que esperar tiempos mejores”.
Entre tanto, está el estreno australiano de “Cinderella Man”, reciente la gran ovación en el Festival de Cine de Venecia, y negociaciones para la venta a la TV de un documental co-dirigido por Crowe sobre su preparación para la película. Muestra cuanto se exige a sí mismo: los meses de correr, luchar y sudar; la crisis médica cuando se lesionó el hombro, la increíblemente rápida recuperación. Proyectó esto para mí un par de días antes de la entrevista. El odia cuando es descrito como un pendenciero -dice esto más de una vez- porque implica alguien que no se preocupa, que no se compromete y es indisciplinado. “¿Tienes idea del nivel de control personal que he tenido que tener para llegar adonde estoy? ¿alguna idea para nada? Esto de ser un bala perdida, del mal genio, son sólo chorradas” dice “Vincit qui se vincit: conquista quien se conquista a sí mismo”.
Crowe empezó a actuar cuando tenía seis años. Hizo su primer papel protagonista en “The Crossing”, en 1989; su primera película americana en 1993 y despuntó por primera vez allí con LA Confidencial en 1996. Entonces paró, esperando pacientemente -sabiendo el valor de lo que había hecho- y ha trepado a lo más alto desde entonces. El tontea y dice que es sólo espectáculo, que un actor es sólo un helado de vainilla - “Tú tienes tu diálogo y ese es tu cometido, hacer la película, ¿entiendes? Tener tu trabajo hecho” (a pesar de que en su caso, él es un “helado de vainilla con mierda espolvoreada. No soy una comida sabrosa, aparentemente”). Pero también dice que hacer películas es lo más cercano a la verdad que puede conseguir. El no cree que los actores deban dar sermones políticos o beneplácitos y ha ofendido a algunos de los grandes de Hollywood por decirlo así. Y a pesar de que está enfermo de los periodistas describiéndole continuamente como “un tigre agazapado, preparado para saltar”, adora las películas y adora lo que puede hacer con ellas y supo eso desde el principio.
“Puedes hacer esto de muchas formas diferentes. Puedes convertirte en una cartulina recortada, lo cual es totalmente diferente del helado de vainilla: no es comestible, para empezar. Y puedes ser completamente plástico con todas tus relaciones. Puedes básicamente vivir un montón de grados de una mentira”. Pero una tontería es diferente de algo falso. “Yo he hecho algunas tonterías, me he metido en situaciones estúpidas, y todavía me siento bien con el hecho de que simplemente soy un ser humano”.
Más tarde, se pone en contacto conmigo preocupado porque pueda haber dicho demasiado, particularmente concerniente al incidente del hotel. Le llevó a un lugar muy oscuro de auto examen, y tratando de aparentar fortaleza, teme que podría haber caído en bravatas. La verdad es que consultó extensamente con su familia - “los psicoanalistas de mi cultura” los describe - y continúa discutiéndolo con su mujer, su madre y su obispo; la gente que le dirán exactamente lo que piensan. Lamenta que no consiguiéramos hablar sobre su música porque las canciones que escribe son la otra verdad en su vida: las películas cuando está aparentando, las canciones cuando no. “Todo lo que quieras saber sobre mí está incluido en esas dos cosas.” Al mismo tiempo él mantiene un secreto; nadie puede conocerle como lo hace su mujer y su hijo llegará a hacerlo. Ellos son el corazón de todo. “De hecho, si algo se interpusiese en mi habilidad para ser padre y criar a Charlie, entonces simplemente lo quitaría de mi vida.”
Me envía un e-mail: “Estoy plagado de defectos, lo sé, pero no me voy a ahogar en mis faltas. Me elevaré sobre ellas y, francamente, las usaré en mi medio de vida. Mi fuerte es interpretar a personajes dañados, y lo encuentro fácil por razones que no son inmediatamente obvias”.
Casi nada sobre Crowe es obvio. Ni el inmenso talento, ni la explosiva mezcla de ferocidad y generosidad y sentimiento. Una vez, él interpretó una película sobre seguridad vial y ahora gana millones. Está agradecido de que su hijo Charlie nunca tenga que oír lo que él oyó de niño, a sus padres sentados alrededor de la mesa durante la cena preguntándose de dónde saldría el dinero para el alquiler de la siguiente semana. También desearía que el precio no hubiese sido tan alto. Pero esa es la cuestión: las películas, él cree, sobrepasarán a los escándalos. Los cambios personales continuarán, y “Lo que quedará serán las cosas en las que haya puesto mi corazón y mi alma”.

