Prefacio para un libro
"Yo recibí una llamada de Kerry Packer una semana o dos después de que mi hijo hubiera nacido. El me telefoneaba para darnos la enhorabuena a Danielle y a mí por habernos unido al club de la paternidad. En ese momento estaba dando una cena, porque se oían risas y ruídos a través de la línea telefónica. Me preguntó qué estaba haciendo yo. Le dije que acababa de cambiarle a Charlie los pañales y que estaba a punto de bañarlo. El me dijo que esperara un segundo, y les hizo una pregunta a sus invitados que no llegué a oír. Cuando volvió a la línea dijo "Acabo de preguntar a los hombres en la mesa cuántas veces habían cambiado el pañal a sus hijos y ninguno de ellos lo hizo nunca. Has subido varios puntos entre las mujeres, hijo".
Un mes o así más tarde estaba hablando con mi padre, comentándole que el placer de tener a Charlie durmiendo contra mi pecho era inconmensurable, y le pregunté si podía recordarse a sí mismo abrazándome así a su misma edad. El me miró un poco avergonzado por un momento y entonces replicó "No hasta que eras mucho mayor". En sus tiempos, dijo, eso no se hacía, no importa la buena voluntad que tuvieras, porque los niños pequeños no eran un territorio masculino.
Los tiempos cambian, las reglas y valores de la sociedad cambian, y en estos días eres justamente considerado un dinosaurio si no eres un padre entregado. Yo adoro a mi pequeño niño y podría hacer cualquier cosa por él. Los pañales y cosas como esas son sólo la punta del iceberg.
No dudo que el libro de Andrew estará lleno de historias de lo inesperado: va con el territorio. Tengo que decir sin embargo que yo he conseguido librarme del clásico problema de que me hagan pis encima. Estoy seguro de que él me ha apuntado deliberadamente varias veces, pero soy demasiado rápido para él. Dani, por otra parte, ha sido "herida" en acción un buen número de veces.
Mi favorita fue en un barco en Queensland. Charlie tenía once meses y ya se movía mucho. Dani se lo había llevado al camarote para bañarle y acostarle en las frescas sábanas de algodón egipcio de la cama para quitarle la ropa. Una vez que él estuvo desnudo, ella sintió el imperioso deseo de abrazar su perfecta pequeña forma. Completamente comprensible. Eh, como todos los bebés, es maravilloso. ¡Oh, la calided del abrazo de un bebé!.
Un momento, pensó ella. Esto está caliente y húmedo... lo separó de ella para descubrir que era una ola imparable. En segundos ambos estaban empapados. ¡Así que cuando él se sintió liberado del abrazo comenzó a arrastrarse, hacer caca, rodar, hacer caca, ponerse en pie, hacer caca, del principio al fin de las sábanas de algodón egipcio!.
Para el momento en que yo fui a investigar que estaba llevándole tanto tiempo, ella tenía al bebé bañado, vestido, la cama rehecha y enecesitaba un vaso de vino en la cubierta, donde ambos nos reímos histéricamente de todo ello.
Ella tiene espíritu deportivo, mi mujer. Yo creo que para ser padre tienes que tenerlo. Yo sé que Vossy lo tiene.
Disfruta la lectura.

