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E. Rodríguez Marchante (ABC)
El mejor Ridley Scott, los mejores Rusell Crowe y Denzel Washington, el crimen organizado, Harlem, más de dos horas y media de narración ambiciosa... Es imposible no hablar bien de esta película que llega con el aura puesta por la crítica americana de otras como «El padrino» o «Uno de los nuestros». Aunque lo cierto es que tiene con estas obras maestras algunas notables diferencias.
«American gangster», pese a que pueda parecer un chiste, puesto que dura 157 minutos, es una película corta, o, al menos, que se resuelve precipitadamente. Y de principio a fin: la relación del personaje de Frank Lucas, el chófer, con su jefe y mentor mafioso; la escalada de Lucas hasta lo más alto; su mantenimiento en la zona oscura de la foto; su relación con su mujer, su familia, con el poli perseguidor (el encontronazo entre Russell Crowe y Denzel Washington es tardío y no tiene ni lustre ni garra para perdurar); la zona final es un discutible canto a la elipsis y a la urgencia... Todo ello, dicho de una película enorme, con momentos de gran visceralidad y que lo apuesta todo al retrato paralelo de esos dos personajes: el mafioso discreto e implacable que se mantiene agazapado en la sombra, y el poli íntegro (pero desintegrado) que poco a poco lo irá acorralando.
Ridley Scott es un gran cineasta y un mejor creador de climas («Alien», «Blade Runner», «La sombra del testigo»..., películas de impresionante personalidad visual y que han dejado su rúbrica en el género), que se adentra aquí en un mundo muy cinematográfico, pero al que, lamentablemente, no tiene nada que aportar... Desde Mervyn LeRoy -en el albor del sonoro, que ya cuajó la figura de Rico «Little Caesar»-, hasta las más próximas dibujadas por Coppola o Scorsese, el cine de «mafiosos» es un edificio compacto al que Scott le ha añadido un título, una estimable película, pero que, visto desde fuera y con cierta perspectiva, permanece igual que antes. Sin duda, Ridley Scott no ha arriesgado lo suficiente para hacer algo sublime. Ha hecho una buena película, con unos buenos personajes y con unos grandes actores. Que sólo es poco para él.
Quim Casas (el periódico de Catalunya)
(...). American gangster es el retrato que Ridley Scott ha realizado de Lucas (Denzel Washington) y el policía que logró darle caza, Richie Roberts (Russell Crowe). Si Scott estuviera siempre tan inspirado como en esta ocasión, no necesitaría reactivar periódicamente su viejo éxito, Blade runner. Aquí apuesta por el melodrama criminal, radiografía el ascenso y caída del narcotraficante, pincela su vida privada y sabe hacer compatibles su historia con la de Roberts, un policía duro y honesto, modelo Serpico, cuya vida privada en un verdadero desastre. Dos sueños americanos rotos, uno antes de tiempo.
Aunque uno de los productores del filme, Nicolas Pileggi, escribió dos ilustres películas de Martin Scorsese sobre mafiosos, Uno de los nuestros y Casino, y el guionista de American gangster, Steve Zaillian, lo fue de Gangs of New York, también de Scorsese, el trabajo de Scott remite por un lado a la fervorosa reivindicación contemporánea del cine policiaco de los 70 y, por el otro, al sentido operístico de un Francis Ford Coppola cuya inspiración es visible en el tramo final de la película. El resultado es conciso, seco y directo, algo poco habitual en el cine de su director.
Cuatro estrellas sobre cinco
Nando Salvá (Cinemanía)
Un título como American Gangster sugiere todo tipo dr aspiraciones épicas y hasta míticas. Vaya por delante que la nueva película de Scott no las cumple, aunque su intento resulta valioso (...). En primer lugar porque su reconstrucción de los años 60 y 70 en la ciudad de Nueva York, marcados por la corrupción policial, y por Nixon, y por el racismo, y por las contradicciones internas del capitalismo, se sustenta de forma más bien simplista sobre la desintegración de la moral de ejército durante la Guerra del Vietnam, circunstancia que, a su vez, estaría en la base de la epidemia heroinómana en la América de esos años. En segundo lugar por cómo se acerca a las historias de Frank Lucas, que creó un asombroso imperio criminal, y de Richie Roberts, que le siguió la pista y acabó atrapándolo. La película entrecruza sus historias, enfatizando sus similitudes y diferencias para dejar claro no sólo que ambos son intrusos en sus mundos, sino también que encarnaban dos formas distintas de entender el Sueño Americano, aunque, al final, todo cuanto sacamos en claro de la comparación es que Roberts es un policía muy honesto que persigue cualquier falda que le pasa por al lado, y Lucas es un narco cuya mercancía destroza vidas, pero leal a su mujer.
Por último las grandilocuentes pretensiones de American gangster yerran porque, pese a que trata de funcionar a modo de enciclopedia del género, (...), aparece fragmentada en unidades de significado tan pequeñas que poco en ella tiene verdadero peso, (...). Quizá, en parte, por la decisión de Scott y el guionista Zaillian de retratar a Lucas quitando importancia a su condición criminal frente a su estilo meticuloso, su agudeza empresarial y su defensa de valores puramente americanos. Pese a que hay en el filme numerosos planos de agujas hipodérmicas perforando brazos afroamericanos, la película no oculta cierta mirada romántica al gangster -después de todo, está interpretado por un actor, Denzel Washington, que es todo carisma: cualquier cosa que venda, la vamos a comprar-. Su ascenso está presentado no con ironía, ni como algo trágico, ni como un chiste cruel a costa de su propia comunidad, sino como la victoria del capitalismo negro y hasta como un golpe al racismo. Y ni así logra Scott convertirlo en un mito.
Tres estrellas sobre cinco

