domingo, 13 de enero de 2008

Otra crítica

Crítica de "American Gangster" transcrita por Sara de La Provincia/Diario de Las Palmas:



EL CRIMEN SE PAGA


El cineasta Ridley Scott enfrenta a Denzel Washington y Russell Crowe en AG, ambientada en los años 70 en Nueva York.

Antonio Bordón.


El cine de gángsteres de los años veinte y treinta nos tenía acostumbrados a que “el crimen no paga”: Hampa Dorada, De Mervin Douglas, El Enemigo Publico, de William A. Wellman, y Scarface, el Terror del Hampa, de Howark Hawks, tenían como protagonistas a un inmigrante (italiano, en Hampa Dorada; irlandés, en El Enemigo Publico; cubano en Scarface) que se introducían en una organización criminal y llegaba a los puestos mas altos. Pero lo cierto es que ninguno de estos gángsteres clásicos, interpretados por Edward G. Robinson, James Cagney y Paul Muni, terminaba su carrera entre rejas.

Asegurar que el crimen se paga es el primero de los golpes de efecto que se permite la esplendida AG, ultima película del ubicuo Ridley Scott (no hayu genero en el que no esté presente su mano maestra, y si no, véase Los Duelistas, Blade Runner, Alien, Thelma y Louise y Gladiador) rodada en las calles de Nueva York. No es la ultima ni la mas osada de las sorpresas que depara este nuevo buceo en el cine negro del cineasta, que tiene bien definidas y mejor asimiladas sus influencias: el trazo preciso, cartesiano de Jean –Pierre Melvilla, la economía narrativa de Monte Hellman y el paroxismo contenido, la gélida desesperanza del mejor Scoresese.

En AG, Scott presenta al gángster en su contexto, con su cultura y su manera de pensar. Fran Lucas, el gángster al que da vida Denzel Washigton, se convirtió en los años 70 en uno de los mafiosos de raza negra con más poder de Harlem, tanto como para hacerle sombra a los capos de la mafia italiana. Lucas consiguió convertirse en uno de los cabecillas del narcotráfico importando heroína de los campos de Vietnam y utilizando los aviones del ejército americano como insospechado transportista. Richie Roberts, el atípico policía interpretado por Russell Crowe, consiguió meterlo entre rejas, aunque su reclusión no fue tan larga como la lista de sus crímenes.

Se ha argumentado, por aquello de la similitud situacional, que la película de Scott guarda una deuda con el Francis Ford Coppola de El Padrino, la obra cumbre del genero de gángsteres y a la que dio dimensiones antropológicas. No es del todo exacto, ni estilista ni dramáticamente. Don Vito Corleone, como señala el critico Roger Ebert, “destaca como personaje simpático, admirable incluso; este criminal profesional de por vida no hace nada que, dado el contexto, desaprobemos”. AG es la historia de dos hombres (Lucas y Roberts) al límite de sus fuerzas, cuyas tensiones estallan en múltiples enfrentamientos con sus compañeros y su familia.

Con la libertad que le otorga su condición de director de culto, Scott desmitifica el gángster romántico y muestra el derrumbe de sus ideales a medida que van sucediendo sus derrotas en los distintos enfrentamientos con la policía. Pasa de ser un capo de la mafia a convertirse en un criminal cualquiera, en un delincuente que no se convertirá en leyenda. Como Corleone. Scott describe las miserias internas (el racismo, las diferencias de clase, las hipocresías sociales, etc.) de unos bajos fondos contradictorios que no entienden cómo un negro puede hacerse con el negocio de la droga.

Con AG, Scott ha conseguido una obra plena. Y lo ha hecho respetando a sus personajes a la vez que escrutando el rostro de sus actores y actrices, en especial el de Denzel Washington (magnifico en la escena del cruce de miradas que lo dicen todo con su madre), como si con el quisiera rendir un homenaje a las maneras de hacer cine a la antigua usanza, un cine que tuvo en las figuras de Edgard G. Robinson, James Cagney o Humprey Bogart a sus interpretes mas representativos. No creo que sin ellos existiera el AG que ha realizado Scott, más allá de que haya apostado fuerte por la figura del policía.



Comentarios

Añadir un comentario